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La boda

Hay veces en que el amor no es suficiente. No es suficiente para nadie. Ni para el hombre que ya te ha rechazado, que se ha dado cuenta algo tarde que está perdidamente enamorado de ti y no te dejará ir por nada del mundo, aunque estés a punto de iniciar una vida junto a otra persona. Ni para tu novio, con el que estás por casarte en un par de horas, y adonde sea que mires, él se encuentra. Ni para tu mejor amiga, la que observó cada uno de tus pasos desde el comienzo de la historia, que no sabe si llorar de felicidad o de pena. Ni para ti, que estás parada frente al espejo, con un vestido de novia que llega hasta el suelo, que te sostiene el pecho, presionándolo casi a posta para que toda la fuerza se concentre allí y no en las lágrimas que se esfuerzan por salir al exterior.

¿Qué haces cuando el amor se ha dividido? ¿Qué debes hacer cuando estás tan confundida que ya no sabes qué es lo que quieres, a pesar de que notas en el reloj de la pared como el tiempo pasa a mayor velocidad de la que desearías? ¿Cuándo solo te quedan unos instantes para tomar la decisión más importante de tu vida?

Tu madre te espera del otro lado de la puerta, esperando por el que será el momento más importante de su propia vida, sin conocer absolutamente nada de la situación. Tu padre espera en el auto que te llevará a la iglesia, aún más nervioso que tú, sintiendo que está perdiendo a su pequeña hija para siempre, dejándola en manos de otro hombre. Tus amigas se preocupan por sus vestidos, si va a llover – para que no se les arruine el peinado -, si el regalo que te hizo Mengana es más caro que el que compró Fulana, y si el de Fulana es más fino, útil o bonito que el que compró ella misma, o si el maquillaje se les va a correr cuando lloren viendo a la novia entrar por el altar, y no se han detenido un solo segundo a fijarse en el rostro de la pobre novia temblorosa, llena de nervios, culpa y tristeza.

Te preguntas si alguna vez soñaste con esto. Claro que lo has soñado: ¿qué niña jamás ha pensado en su boda, a lo grande, con un bonito vestido blanco, un gran pastel, un novio bien parecido, muchos invitados y muchos regalos? Pero jamás has esperado encontrarte en esta situación, en la que solo te quedan unos pocos segundos para decidirte entre la verdad o la felicidad.

Jake te espera en el altar, con las manos temblorosas, y aquella sonrisa suya que te ha enamorado desde el primer día que le has visto. Su cabello rubio revuelto, sus ojos azules como el mar en las profundidades, llenos de ansiedad, observando la puerta, que en cualquier momento se abrirá, dejando pasar a la única mujer a la que alguna vez amó con tanta pasión.

Le has prohibido a Tyler que se acerque a la iglesia, pero inconscientemente tomas el móvil que se encuentra en el aparador. ¿Deberías llamarle? Después de todo, si tu padrino de bodas no aparece, sería un escándalo. Pero…¿correrías el riesgo de tenerle en la misma habitación que Jake, sabiendo que la última vez que le viste le gritaste que le odiabas?

Tocan a la puerta. Miranda viene a avisarte que ya está todo listo para tu partida. Inspiras bien profundo, aún sin haber tomado ninguna decisión, y comienzas a avanzar, sintiendo el dolor agudo que sólo pueden generar los tacones aguja. Kimberly te toma del hombro, con los ojos llorosos, y no a causa de la emoción de la boda. Le sonríes para tranquilizarla, aunque sabes que ella notará la tristeza contenida en esa expresión.

¿Cómo deberías reaccionar, sabiendo que están en riesgo, prácticamente, las vidas de las dos personas que más te importan en este mundo?

Emily.

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Nephew

- Tía, ¿Por qué mueven todas las cosas de papá y mamá?
- Porque ellos ya no viven aquí, cariño...
- ¿Y dónde viven ahora?
Suspiré, y me agaché a su lado, mientras una lágrima comenzaba a correr por mi rostro. Sus ojos verdes de niño estaban puestos sobre mí, llenos de curiosidad. Puse mi mano sobre su pecho, mientras cerraba los ojos un instante, en un intento de limpiar aquellas lágrimas inevitables.
- Aquí.
Jake bajó la mirada, y puso sus pequeñas manitas sobre su pecho, justo encima de las mías.
- ¿Mamá y papá se fueron? ¿Ya no están?
Una nueva tanda de lágrimas se me escapó, mientras el nudo formado en mi garganta y en mi pecho se abría paso a través de mis vías respiratorias, impidiendo la entrada del aire puro.
- Siempre estarán contigo, cielo - le aseguré, dándole un cálido pero corto abrazo, y tomándole sus pequeñas mejillas entre mis dos manos, posando mi mirada sobre la suya - Siempre. No lo olvides.
Jake asintió, mientras una lágrima caía por su rostro blanquecino, atravesando sus mejillas hasta llegar a la base de su cuello. Me levanté del cuelo, y tomé su pequeña mano.
- Vamonos ya, Jake...
Y sin mirar atrás, nos dirigimos hacia el exterior, donde una lluvia torrencial comenzaba a desatarse.


Emily.

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It is called L.O.V.E.

Por ahi no son en francés no este ni el anterior...pero sepan disculpar, ¡en las vacaciones no escribo en francés!

Shut up and kiss me.


A pesar de que mi estado no era el mejor, ya que había bebido un poco más de la cuenta por culpa de mis dos compañeras, era completamente consciente de la situación en la que me encontraba. Tenía los ojos de Jason fijamente puestos en mí, y aunque mi subconciente sabía que lo que estábamos haciendo estaba mal y nos iba a causar un enorme pesar a ambos, no podía detenerme. No podía quitar mi mirada de esos ojos tan verdes, tan profundos, que me observaban con ese brillo de lujuria que sólo se generaba al observarme por los efectos de la gran cantidad de alcohol que él también había ingerido. No lograba controlar mis brazos, en ese momento rodeando con tanta fuerza y desesperación la nuca de mi compañero. Nuestros cuerpos transpirados se juntaban en un baile de sensualidad eterna y casi inconsciente. Sentía los golpes de la gente que se amontonaba a nuestro alrededor, danzando y moviendose al ritmo de la música que estallaba en nuestros oídos. Pero nosotros apenas podíamos concentrarnos en nada, más que en la sólida e incontrolada atracción que sentíamos el uno por el otro. El rostro de Jason estaba paulatinamente cada vez más cerca del mío, y ya podía sentir su aliento fuerte e irresistible sobre mis labios, rozándose cada instante un poco más con los de él. Entonces, él susurró algo que no pude oír por el volúmen de la música, y tampoco me importó averiguarlo. Sólo me importaban sus labios suaves, sus manos rodeando mi cintura, su nariz cruzando la mía. Y en un gesto inconsciente, acorté la distancia que nos separaba, rompiendo por completo el equilibrio que había logrado alcanzar en esa vida de insensatez y paranoia que yo misma había buscado.
Y por la mañana, al abrir los ojos, descubrí que no me encontraba en mi habitación.

Emily.

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Siluetas

Siluetas iban y venían en un espacio vacío. La luz blanca del fondo la encandilaba, pero las siluetas negras que iban y venían atenuaban el efecto visual doloroso. Sentía daño en todas y cada una de las partes de su cuerpo, como si todo dentro de ella estuviese cambiando. Sentía como si flotase en un espacio que no iba a terminar jamás, un espacio despejado, rodeado de movimientos que apenas podía sentir.

Pronto, comenzó a recobrar los demás sentidos. Primero el oído, mientras las voces que emitían las siluetas iban aumentando el volumen, la magnitud y contextura. Voces más agudas, más suaves, más fuertes. Voces más conocidas y menos conocidas. Supo, en el fondo de su alma, que las voces más cercanas ya las conocía, a pesar de no poder reconocer sus emisores. Algunas de hombre y otras de mujer. Algunas decían cosas bonitas, otras cosas angustiosas, pero la mayoría se limitaba sólo a decir cosas inentendibles.

Luego, vino el olfato. Miles y miles de perfumes se colaron por su nariz, creándole una mezcla de olores conocidos y desconocidos, aromas y hedores en la mente. De alguna forma, pudo conectar los olores a sus respectivas voces, a pesar de estar rodeada de un mundo completamente desconocido. Perfume a rosas, perfume a mieles, perfume animal. Tantas diferencias, y todos tan parecidos, unidos por un punto en común que aún no lograba encontrar.

Supo que había recuperado el tacto cuando pudo sentir las diferentes partes de su cuerpo. Movió los dedos de las manos, para saber que continuaban estando allí. Nada en ese mundo era real, nada era seguro. Todo era desconocido, todo era salvaje. Todo daba miedo, y a la vez era tan reconfortante como nada que ella hubiese probado en su vida. Por alguna razón extraña, se sentía más feliz que nunca. Como si supiera, a pesar de que no estuviese segura de que aquello iba a terminar, de que todo lo que vendría después sería mejor que lo que acababa de dejar.

Y luego, vinieron los colores. Un destello de rojo apareció en la cabeza de una de las siluetas. Un brillante gris azulado apareció en el rostro de otra. Un blanco destellante en el lugar en que iría la boca de otra. Todos los colores comenzaron a aparecer poco a poco, creándoles a las siluetas una apariencia humana. Pero apenas pudo verles, la luz blanca de fondo comenzó a pasarles por encima, ocultándolos de la vista de la joven que aún dormía en un sueño profundo.

Emily.
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El Mar


Bueno, corta, porque después M.V.... Me gusta particularmente el final. El resto.. como que no. La hice para mi tío. FIN.

EL MAR

_

 

Cuando aprendes a escuchar con atención,

Te tropiezas con sonidos jamás escuchados:

Murmullos, suspiros, sueños tarareados,

Que se unen en la misma cotidiana canción.

 

Al final de cada camino, se halla el mar;

Reposa, cómodo, entre brazos arenosos

Y caracoles y piedras y suelos rocosos.

Espera, atento, sin jamás dejar de escuchar.

 

Oye nuestros llantos y nuestros lamentos,

Nuestras plegarias, nuestras fantasías,

Aguardando a que finalmente sonrías

Y dejes libres a tus encadenados sentimientos.

 

A su manera, responde a nuestras preguntas;

Discretas, cada ola es una respuesta:

Recibirla es nuestra tarea supuesta,

Y descifrar su lenguaje, nuestra labor presunta.

 

En su inmensidad, el mar representa liberación.

Nos cuenta la historia que vio transcurrir

Siglos y milenios de un constante ir y venir

Años y años sumidos en una incesante repetición.

 

En el mar, hombres han encontrado amparo:

Poetas, inspiración; navegantes, seguridad;

Fugitivos, esperanza y sueños de libertad,

Todos y cada uno de ellos, hechizado sin reparo.

 

Cuando aprendes a escuchar con atención

Y te adentras en la ya conocida canción,

Descubres sonidos raros y sorprendentes;

Y si cierras los ojos y abres el corazón

Millones de años de historia candentes

Afloran en tu piel, haciéndote vislumbrar,

En un efímero pero glorioso momento,

Que a la base de toda melodía, el mar

Aguarda paciente, sin dejar de susurrar

Las palabras que escriben tu cuento.

 

_

Dee.
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Le Temps passe, Les Souvenirs restent.


 

 


   
Le Temps passe,
Les Souvenirs restent.



E
xaminant le salon, admirant les tableaux pendus, et les couverts en argents, je croisais des anciennes connaissances transformées par les années. Soudain, entre quelques bourgeoises de physionomies exotiques, j'aperçus un visage familier, qui souvent revenait dans mes souvenirs dorés, un visage timide, qui était maintenant lourd à cause des âges, mais qui maintenait sa beauté que je ne pouvais m'empêcher d'admirer et découvrir à chaque clin d'œil.
  C'était bien elle, la femme que je n'avais pu oublier, femme que j'entendais rire sans arrêt dans mes rêves, et cette mélodie, rythmée avec mon cœur, était la raison pour laquelle je voulais devenir immortel, pour l'entendre chaque soir, avec l'espoir de pouvoir la réentendre le soir suivant. Elle était là, tout près de moi, et de temps en temps, elle lançait des regards furtifs à travers le miroir placé en face d'elle qui la reflétait parfaite, comme dans mes plus profonds désirs. Ses mains délicates portaient une coupe de vin blanc, qu'elle posait fragilement sus ses lèvres en velours, pour après laissait ce délicieux nectar prendre route vers ses veines noyées de liquide bleu saphir. Elle portait une robe en soie, couleur de sable quand l'océan laisse sa trace de mousse fraiche dont le dos nu, laissait aux hommes une libre imagination, mais moi, j'essayais de me rappeler de ce si fragile corps en porcelaine chinoise, dont les dieux auraient pu sculpter quelques défauts, pour qu'un homme aux sentiments comme les miens, puisse les prendre comme excuses pour s'empêcher de l'aimer autant.
  Se dirigeant vers moi, elle regardait autour d'elle pour vérifier que tous les regards des homme se fixaient en elle, pour l'admirer, la désirer, ce qui pour moi était inévitable.
  Tout en face de moi, son visage craquelé portait toujours une charme inconnu par l'homme, arme secrète des femmes, et ceci la rendait encore plus mystérieuse qu'autrefois. Ses yeux ridés, qui un jour de carnaval a Bourgignole, étaient peints en violet vif, ce soir étaient tout justement en jaune pâle, ce qui faisait ses yeux émeraudes ressortir comme jamais je ne les avais vu avant. Son parfum particulier, était hypnotisant, et je le reconnu quand je pénétrai dans la salle.
  Elle me souriait, tout simplement, et ce sourire n'était pas n'importe quelle grimace, c'était le même sourire qu'elle illustrait il y avait des années avant, et ce sourire n'avait pas du tout changé. Le temps n'avait pas pu le métamorphoser encore. Ce sourire était toujours jeune. Même si tout en elle s'était détérioré au cours des décennies, que ses yeux étaient devenus ridés mais maintenaient leur douceur, que ses lèvres rouges étaient plus sèches qu'avant mais séductrices toujours, que ses cheveux couleur châtains, cachaient des fils blancs, ce qui les faisaient briller sous la lumière des chandeliers; ce sourire était intact, ce sourire aux fines perles blanches, ce sourire timide mais provocateur, ce sourire immortel, qui est mon élixir de vie, qui provoque en moi que du bonheur, qui est la seule raison au monde pour laquelle je me réveille chaque matin vivre un petit jour, un petit jour pour la retrouver et la voir encore une fois sourire.

Et ce soir, elle était là, face à moi et elle me souriait, et c'est à ce moment là ou j'ai réalisé, qu'elle me souriait pour me soulager, pour pouvoir mentir aux autres, pour faire semblant que le sablier ne jetait plus de grains de sable, qu'on était redevenus tout jeunes.

Elle souriait pour oublier qu'on avait vieilli.



·Marion Peralta·


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Ejem... HOLA!

¡CALABAZAS!

Bien, ahora que llamé su atención...
Vengo a remontar un poco este blog que -admitámoslo- se está petrificando, amigos. Vengo a subir dos historias, una de Mora -que sea dicho le dije que la subiera y no lo hizo, así que... no me dejas más opción amiga-  y otra mía. Responden a la consigna de hacer una historia a partir de un dicho o un refrán.

Links (sólo han de hacer clic encima y los dirigirá directamente a la página):

El de Mora: http://www.fanfiction.net/s/4625753/1/El_d_a_que_te_casas_o_te_curas_o_te_matas

El mío: http://www.fanfiction.net/s/4636290/1/cause_dun_sourire

Y para no hacer una larga introducción que Mister V dice que amo y que por lo general suelen depasar el largo de mis historias, me retiro sin más.
Que disfruten la función.

Dee.
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El negro humo de la libertad

Algo que escribí hoy a la mañana... Que conste que fue algo que no duró demasiado tiempo, que en el momento simplemente necesitaba desahogarme y esto fue lo que salió... Y ya está todo bien... =) Bueno, no con exactitud... Pero está mejor... Así que no se tomen a pecho esto... es solo un delirio que brotó en algún momento de la mañana... (No sabía que poner de título y puse eso...)


¿Por qué todos hablan de ser apuñalados por la espalda? Yo pienso que duele mucho más en el corazón… Es un dolor agudo, que se expande por todo el pecho hasta llegar al estomago. Molesta, angustia, duele, tortura… Son dolores que nos oprimen el pecho, que hacen brotar lágrimas de nuestros ojos, que hacen hervir la sangre en nuestras venas. La ira se mezcla con el dolor y la angustia, actuamos impulsivamente, queremos tocar fondo solo para probarnos que somos valientes, que valemos nuestro peso en oro, pero también queremos tocar fondo sabiendo que el fondo estará lleno de clavos.

El fuego quema en lo más profundo del alma, arde, incendia, sofoca. Y queremos apagarlo, destruirlo para poder vivir en paz, pero no es posible. El fuego es eterno y ni una ni un millón de lágrimas lo pueden apagar.

Luchamos por terminar de leer el libro que la vida nos hace leer, lo intentamos y lo intentamos, y después de una enorme lucha que termina en sangre, sudor y lágrimas, logramos arrojar ese libro dentro del fuego. Y el aire se vuelve puro, aún siendo invadido por el negro humo de la libertad.
Pero por algo existen las continuaciones, porque éste libro vuelve aparecer con una secuela. Y deseamos terminarlo, igual que con el anterior: deshacernos de él… Pero la saga parece nunca terminar…

¿Cuándo será posible obtener la libertad?
Mora
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(pas de sujets)

Una muerte, Una vida


des mots fluides comme l'ancre liquide.
Una vez me dijeron que la magia existía, que crecer requería tiempo y que mentir era malo. Vivir la vida, degustar cada día, sentir cada segundo, lema para unos, sobreviven otros. Hasta que un día corriente pero poco común, un ser querido perdió sus sentidos, ya no siente, no degusta, no vive.
 
Te lo habían prevenido con anticipación de pocos días, pero tú, juventud de ojos desprevenidos, viste que el hecho estaba distante y seguiste jugando, riendo, viviendo.
Luego de un día agotador, llegaste a tu hogar, con una sonrisa tallada en tu cara, te dirigiste hacia tu padre, te tomó entre sus brazos casi sin dejarte aliento, te miró con ojos hinchados, luego se inclinó hacia el suelo, te dio la noticia, la cual no escuchaste pareciera, porque no podías realizar lo que la muerte significaba, no sabías cuando terminaba, ni menos cuando llegaba. Llantos ahogaron la habitación, tu petrificada ante ellos, imitaste el gesto pero sin entender la causa. La noche fue placentera para ti, te acostaste mas tarde que de costumbre, te daban lo que requerías con sonrisas tristes.
 
Los días se evaporaron, el tiempo te hizo mujer, esperabas que este día sea mejor que el de ayer. Llevas tu vida por el mundo, vives, superando tus metas, vives, te preocupas por la gente, vives, sabiendo que no saldrás vivo. 


Me acosté una noche de otoño sobre mi cama, leyendo un libro francés, en el cual describían un personaje que conocí alguna vez, mis ojos llenos de lagrimas, comprendieron por vez primera, que la magia no me ayudaría, que crecer no me haría olvidar, y que mentirme no era lo indicado. Pero preferí hacerlo, mentirme a mi misma, ateniéndome a las consecuencias, decirme y repetirme una y otra vez, si era necesario, que solo me había olvidado de ir a visitarla como solía hacer, porque ella no murió, solo hace un tiempo que no la veo, ella sigue caminando delicadamente, sigue corriendo sangre por sus manos porcelana, sigue brillando con joyas fantasía, sigue pensando en mi, como pienso en ella, porque algo tan fuerte como mi amor por ella no puede desaparecer con su aliento, ella no puede irse porque la necesito, no puede irse, ni lo ha hecho porque la recuerdo, la veo en mis gestos y movimientos, frases y expresiones, su olor peculiar vive en mi esencia, ella no murió solo no he ido a visitarla, solo no he tenido el valor de ver la realidad ,no he podido ver a la muerte a los ojos y decirle fríamente, “te has llevado a mi abuela insensible”.

Marion.


 

 

 

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Un Petit Plaisir

Primera vez que subo yoo :) Hace ya dos semanas que no voy al atelier...pero quise subir el petit plaisir, que fue uno de mis trabajos favoritos :) Y estoy orgullosa de lo que escribii! Yo, al contrario...si quiero comentarios...a mi me gustan (H) El texto es cortito...:)

Sous la Pluie

 

Tout commence avec une petite larme tombée du ciel. On marchait dans la rue, on regarde en haut. Une, deux, trois, mille. Il fait chaud, c’est la saison des repos, de la plage, des vacances. Le ciel est gris, tout gris, et les gens commencent à se couvrir avec ce qu’ils trouvent. Mais moi, je regarde au ciel : une goutte, deux gouttes, mille gouttes. Je souris.

On peut le sentir : les cris de gens qui courent se couvrir, les barbotages des pieds sur les flaques d’eau qui se forment dans le sol, le son des gouttes qui tombent dans le sol, avec la force d’un ouragan.

Mes cheveux commencent à se sentir de plus en plus lourdes. De même mes vêtements. Les gouttes d’eau jouent une course dans mon front, mon nez, mon menton, dans mes bras non couverts, que je monterai bientôt au ciel. Je ferme les yeux, pour mieux le sentir. Les gens continuent à passer, à la recherche d’un lieu où se couvrir. Personne, personne ne comprend…

Je sais bien que mes auriculaires vont se ruiner avec l’eau, mais peu m’importe. La musique dans mes oreilles génère ce sentiment de plaisir, incomparable, satisfaisant. Avec les yeux fermés, on est dans un monde différent. Un monde crée par le sentir des gouttes dans la peau, le son de la musique dans les oreilles, et l’inconscience du propre esprit. L’inconscience qu’on crée pour ne pas se rappeler qu’on est en retard, qu’on devrait continuer à marcher ou même prendre le bus. On est dans la rue pour une seule raison : la pluie. Une, deux, trois, mille gouttes qui tombent avec la force d’un ouragan.

 

Emily.

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